Cuando un viajero curioso visita los castros de Coaña en Asturias, Sanfins en el norte portugués, o Briteiros en Guimarães, lo más probable es que un guía le muestre una estructura de piedra de planta rectangular u ovalada, parcialmente subterránea, con una losa frontal trabajada con motivos curvilíneos. El guía dirá: "esto es una sauna castreña". Y el visitante medio, formado en historia escolar que pasa de la Edad de Bronce a Roma directamente, pensará: "no sabía que aquí hubiera saunas".
Esa sorpresa es el problema. Llevamos décadas hablando de la "cultura sauna finlandesa" como si fuera la única tradición termal europea autóctona. Lo cierto es que el noroeste peninsular ibérico desarrolló su propio sistema termal autónomo entre los siglos VI a.C. y I d.C. — sin contacto cultural con los pueblos nórdicos, sin influencia romana hasta el final del periodo — y dejó tras de sí ruinas que la arqueología actual sigue interpretando.
1 · Qué es exactamente una sauna castreña
Una sauna castreña típica consta de tres espacios claros:
- Atrio exterior — antesala abierta o semi-cubierta, donde se accedía y probablemente se preparaba al practicante (¿desnudez, libación, ofrenda?).
- Cámara fría — espacio intermedio, generalmente con banca de piedra perimetral, separado de la cámara caliente por la famosa "pedra formosa".
- Cámara caliente — espacio más interior, generalmente cubierto, donde se generaba el calor. Se han identificado dos modalidades: con horno exterior que calentaba el suelo y muros (precedente del hipocaustum romano, sorprendentemente), o con piedras calentadas trasladadas al interior.
La pedra formosa (literalmente "piedra hermosa" en gallego-portugués) es el elemento más enigmático. Se trata de una losa monolítica, generalmente de granito, decorada con motivos curvilíneos — sogueados, espirales, círculos concéntricos — que separaba las dos cámaras y tenía un orificio (a veces más de uno) en la parte inferior. Los arqueólogos discuten su función: ¿paso de aire caliente? ¿pase ritual del cuerpo entre cámaras? ¿elemento simbólico de transición?
2 · Cuántas hay y dónde
Se han identificado al menos 25 saunas castreñas bien documentadas en el noroeste peninsular, distribuidas entre:
- Galicia (España) — Castro de Castrolandín (Pontevedra), Castro de Borneiro (A Coruña), Castro de Punta dos Prados (Ortigueira).
- Asturias — Castro de Coaña, Castro de Pendia, Castro de Chao Samartín.
- Norte de Portugal — Citania de Sanfins, Citania de Briteiros, Castro de Monte Mozinho. Briteiros tiene la pedra formosa más célebre y mejor conservada.
- León — algunos castros del Bierzo presentan estructuras similares aunque menos estudiadas.
La datación de la mayoría se sitúa entre los siglos III a.C. y I d.C. — fase final de la cultura castreña, antes de la romanización completa. Lo notable: algunas saunas castreñas siguieron en uso ya en época plenamente romana, lo que sugiere convivencia o integración cultural.
3 · Qué dicen los textos
No hay fuentes castreñas escritas — la cultura castreña era ágrafa. Pero hay menciones romanas. Estrabón, en su Geografía (siglo I a.C.), describe a los pueblos del noroeste peninsular como "gentes que se rocían con agua después de baños de vapor con piedras calientes". Plinio el Viejo menciona prácticas similares en la Historia Naturalis. Estos pasajes, leídos junto al registro arqueológico, han llevado a varios investigadores (Calo Lourido, Sande Lemos, García Quintela) a interpretar las estructuras castreñas como saunas en sentido pleno — no solo "edificios de propósito incierto", sino instalaciones termales con función ritual y social.
4 · Por qué casi nadie las conoce
Hay tres razones por las que la sauna castreña permanece desconocida fuera de círculos arqueológicos especializados:
Primera: la cultura castreña en general está mal posicionada en el imaginario histórico hispano. La narrativa escolar habitual salta de Tartessos al Imperio Romano omitiendo a celtas peninsulares como si no hubieran tenido tecnología propia. Las saunas castreñas son víctima colateral de ese silencio.
Segunda: el debate académico sobre la función concreta de estas estructuras llevó décadas. Hasta los años 80-90 había una corriente que las interpretaba como "lugares de culto" sin más, otra que las leía como termas romanas tardías, otra que postulaba función funeraria. Sólo desde los años 90 se ha consolidado la lectura "sauna ritual castreña" con mayor seguridad.
Tercera: ninguna sauna castreña está en uso. Son ruinas arqueológicas. No se pueden visitar como espacio termal funcional. Esto las deja fuera del circuito turístico wellness y del imaginario popular sobre saunas.
5 · Por qué nos interesa hoy
Recuperar la conciencia de la sauna castreña tiene un valor doble para el lector hispanohablante. Por un lado, técnico: nos recuerda que la práctica termal peninsular es muy anterior a la influencia romana, y que tenemos un patrimonio termal autóctono que merece estudio y eventual reactivación cultural. Por otro lado, simbólico: pone fin al complejo de inferioridad termal hispano que asume que "lo bueno viene de Finlandia". Lo bueno también vino — y sigue viniendo, si se cuida — de Galicia, Asturias y el norte portugués.
En el siglo XXI ya hay arquitectos gallegos y portugueses que están proponiendo recuperar el modelo castreño en saunas contemporáneas. El Balneario de Mondariz incluye en su circuito una "sauna celta" inspirada en las estructuras castreñas, aunque no es una reconstrucción arqueológica fiel. Es un primer paso, simbólico más que técnico.
La pregunta editorial que dejamos abierta para futuras piezas de Sauneando: ¿qué pasaría si se construyera una sauna castreña funcional, basada en el modelo arqueológico, en algún municipio gallego o asturiano? ¿Volvería a tener sentido ritual, social, terapéutico? ¿O sería pieza de museo viva sin alma real? Si tienes opinión sobre esto, escríbenos. Es uno de los hilos que más nos interesa seguir.